Mujeres migrantes en Galicia: una realidad que exige respuestas integrales
La migración forma parte de la realidad social, económica y demográfica de Galicia. Cada año, muchas mujeres llegan a nuestra comunidad buscando seguridad, estabilidad, empleo, oportunidades para sus hijas e hijos o la posibilidad de reconstruir un proyecto de vida. Sin embargo, ese camino no siempre empieza en igualdad de condiciones.
Para muchas mujeres migrantes, la llegada a Galicia no supone únicamente adaptarse a un nuevo territorio. Supone también enfrentarse a trámites administrativos complejos, barreras idiomáticas, dificultades para acceder a un empleo digno, problemas de vivienda, falta de redes familiares, sobrecarga de cuidados y, en algunos casos, situaciones de violencia, aislamiento o dependencia económica.
Hablar de mujeres migrantes en situación de vulnerabilidad social no significa hablar de mujeres sin capacidades. Al contrario: muchas de ellas llegan con experiencia laboral, formación, competencias, responsabilidad familiar y una enorme capacidad de resiliencia. La vulnerabilidad aparece cuando esas capacidades no encuentran condiciones reales para desarrollarse. Cuando una persona no puede regularizar su situación, homologar sus estudios, acceder a una entrevista de trabajo, comprender un trámite digital o conciliar el cuidado de sus hijos con una formación, la desigualdad deja de ser una idea abstracta y se convierte en una barrera cotidiana.

La vulnerabilidad no es una sola: se acumula
Uno de los principales errores al analizar la situación de las mujeres migrantes es pensar que existe una única causa de exclusión. En la práctica, la vulnerabilidad suele ser acumulativa.
Una mujer puede tener dificultades administrativas y, al mismo tiempo, estar cuidando sola de sus hijos. Puede tener experiencia profesional en su país de origen, pero no contar con una titulación homologada en España. Puede conocer sus derechos, pero no tener medios digitales para realizar una solicitud. Puede necesitar atención psicológica, pero no saber cómo acceder al sistema. Puede tener voluntad de trabajar, pero encontrarse con empleos informales, horarios incompatibles o condiciones abusivas.
Esta acumulación de obstáculos afecta de forma directa a la autonomía personal, a la salud emocional, a la estabilidad económica y a la participación social. También condiciona la vida de las familias, especialmente cuando hay menores a cargo.
Por eso, las respuestas parciales son insuficientes. No basta con ofrecer una información puntual. No basta con entregar un listado de recursos. No basta con derivar sin acompañar. Las mujeres migrantes en situación de especial vulnerabilidad necesitan respuestas cercanas, coordinadas, comprensibles y adaptadas a su situación real.
Empleo, cuidados y precariedad: una relación desigual
El empleo es una de las principales vías de inclusión, pero también uno de los ámbitos donde más se reproducen las desigualdades. Muchas mujeres migrantes encuentran sus primeras oportunidades laborales en sectores feminizados y precarizados, como los cuidados, el empleo doméstico, la limpieza, la hostelería o los servicios personales.
Estos sectores son esenciales para el sostenimiento de la vida cotidiana y para el funcionamiento de muchas familias y empresas. Sin embargo, no siempre ofrecen estabilidad, reconocimiento, salarios adecuados o condiciones laborales seguras. La falta de documentación, el desconocimiento de los derechos laborales, la necesidad urgente de ingresos o la ausencia de redes de apoyo pueden aumentar el riesgo de explotación o informalidad.
La inclusión sociolaboral de las mujeres migrantes no puede limitarse a “encontrar cualquier empleo”. Debe orientarse hacia empleos dignos, con derechos, con cotización y con posibilidades de continuidad. También debe tener en cuenta la formación, la mejora de competencias, la confianza personal y la capacidad de moverse en un mercado laboral cada vez más digitalizado.
La brecha digital también excluye
La digitalización de la administración y del mercado laboral ha creado nuevas oportunidades, pero también nuevas barreras. Hoy, muchas gestiones esenciales se realizan por internet: pedir una cita, presentar documentación, consultar un expediente, buscar empleo, enviar un currículum, inscribirse en una formación o comunicarse con una administración pública.
Para una mujer que no domina el idioma, que no tiene ordenador, que comparte teléfono móvil con su familia o que nunca ha usado una sede electrónica, estos trámites pueden convertirse en un muro. La brecha digital no es solo falta de conocimientos técnicos. Es también falta de acceso, de acompañamiento, de confianza y de seguridad.
Reducir esta brecha es clave para que las mujeres migrantes puedan ejercer sus derechos con mayor autonomía. La inclusión digital, cuando se trabaja de forma práctica y adaptada, mejora el acceso al empleo, a la formación, a la información y a los recursos públicos.
Salud emocional, soledad y duelo migratorio
Migrar implica empezar de nuevo. Y empezar de nuevo puede ser una oportunidad, pero también un proceso de pérdida, incertidumbre y desgaste emocional.
Muchas mujeres migrantes viven situaciones de duelo migratorio: separación de la familia, pérdida de referentes, cambios culturales, presión económica, miedo al futuro o sensación de no pertenencia. A esto se suma, en muchos casos, la responsabilidad de sostener emocional y económicamente a otras personas.
La salud mental y el bienestar emocional no pueden quedar fuera de las políticas de inclusión. La ansiedad, el estrés, la tristeza, la soledad o el trauma afectan a la capacidad de buscar empleo, aprender, relacionarse, tomar decisiones o sostener un proceso administrativo largo.
Acompañar a las mujeres migrantes también significa crear espacios seguros, escuchar sin juzgar, reconocer sus trayectorias y reforzar su autoestima, su autonomía y su capacidad de decisión.
Violencia, dependencia y necesidad de protección
Las mujeres migrantes pueden enfrentarse también a formas específicas de violencia o control. La dependencia económica, la falta de redes, el desconocimiento del sistema de protección, el miedo a denunciar o la situación administrativa pueden dificultar la salida de una relación violenta o abusiva.
En estos casos, la intervención debe ser especialmente cuidadosa. La prioridad debe ser la seguridad, la confidencialidad, la información clara y la coordinación con los recursos especializados. La protección frente a la violencia de género y otras formas de violencia contra las mujeres debe estar presente en cualquier trabajo serio con mujeres en situación de vulnerabilidad.
La importancia de las redes comunitarias
Ningún proceso de inclusión se sostiene solo con trámites. Las redes importan. Tener a quién preguntar, con quién hablar, dónde acudir o quién acompañe en un momento difícil puede marcar la diferencia entre avanzar o quedar bloqueada.
Las entidades sociales, los servicios sociales comunitarios, los centros de información a la mujer, los centros educativos, los recursos sanitarios, las asociaciones vecinales y el tejido comunitario tienen un papel fundamental. Cuando estos recursos trabajan de forma coordinada, las mujeres no tienen que repetir una y otra vez su historia ni recorrer solas un laberinto institucional.
La inclusión real se construye desde la proximidad. Desde el conocimiento del territorio. Desde la confianza. Desde la capacidad de adaptar las respuestas a cada situación.
VALÍA: un compromiso de SenValos con la autonomía de las mujeres migrantes
En este contexto, la ONGD SenValos desarrollará en Galicia el proyecto VALÍA, aprobado por la Xunta de Galicia, con el objetivo de contribuir a la inclusión social, la autonomía personal y la mejora de las oportunidades de mujeres migrantes, emigrantes retornadas y refugiadas en situación de vulnerabilidad.
VALÍA nace de una convicción clara: las mujeres migrantes no necesitan respuestas asistencialistas, sino oportunidades reales, acompañamiento profesional y reconocimiento de sus capacidades. El proyecto se orienta a reducir barreras sociales, administrativas, laborales, digitales y psicosociales que dificultan su participación plena en la sociedad gallega.
Desde SenValos entendemos que apoyar a las mujeres migrantes es también fortalecer Galicia. Porque una sociedad más justa, más cohesionada y más inclusiva es aquella que permite que todas las personas puedan desarrollar su proyecto de vida con dignidad, derechos y autonomía.
Financiación del proyecto
El proyecto VALÍA está desarrollado por la ONGD SenValos en Galicia y cuenta con financiación pública en el marco de las subvenciones dirigidas a entidades de iniciativa social sin ánimo de lucro para programas destinados a mujeres en situación de especial vulnerabilidad.
Actuación subvencionada por la Consellería de Política Social e Igualdade de la Xunta de Galicia y cofinanciada por la Unión Europea en el marco del Programa FSE+ Galicia 2021-2027, dentro del objetivo de promover una Europa más social e inclusiva, la inclusión activa, la igualdad de oportunidades, la no discriminación y la mejora de la empleabilidad de los grupos en situación de mayor vulnerabilidad.
agradecida por la oportunida..es una esperanza y como una luz al final del túnel… ciertamente no es fácil ser migrante …gracias a organizaciones como ustedes tenemos las posibilidad de tener una mejor calidad de vida ..gracias de ante mano .
Muchas gracias por tus palabras.
Para SenValos es muy importante saber que nuestro trabajo puede aportar orientación, apoyo y esperanza en momentos que sabemos que no son fáciles. Ser persona migrante implica muchas veces enfrentarse a trámites complejos, incertidumbre y situaciones difíciles, por eso intentamos acompañar con la mayor claridad y responsabilidad posible.
Te agradecemos sinceramente tu mensaje. Comentarios como el tuyo nos animan a seguir trabajando para que más personas puedan acceder a sus derechos y mejorar su calidad de vida.
Un saludo afectuoso.